
En el año 2006 me encontraba en la estaciónde Capitolio. Subía la larga y transitada rampa que enlaza las rutas del Metro. En medio del gentío me percaté de una cieguita que subía por la rampa a paso lento con su bastón. Me ofrecí a llevarla del brazo. Aceptó. Ella tenía muy buena energía. A los pocos pasos subió un poco su mano y me agarró el codo, al tiempo que me explicó: "Los ciegos debemos agarrarnos del codo, porque cuando tú giras, el codo gira contigo. Así sé cuándo girar". No sé por qué me vino a la mente la imagen de un limpiaparabrisas. Ella, leyéndome la mente, agregó: "Así vamos sincronizados". Al llegar la dejé en un vagón especial. Nos despedimos.
Yo tomé otro tren. Me repetía a mí mismo: "¡Qué valiente es!". La cieguita era de esas almas generosas que se sienten plenas enseñando. De allí a poco, en un vagón del Metro, se sentó al lado mío una linda jovencita con zapatos y mono de hacer deporte. Era una de esas arañitas que inmovilizan con suaves hilitos. A los minutos me la volví a conseguir, para pocos minutos después volvérmela a conseguir enfrente de la Asamblea. Tenía buena energía. Cerca, muy cerca, estaba una señora que leía las cartas.
Tenía una mirada penetrante y enérgica. Sentí que quería leerme las cartas. "Otro día", pensé. "¿Qué me habrá querido decir Dios con estos enérgicos encuentros?", me he preguntado en estos años. La respuesta la he ido obteniendo poco a poco. En meses pasados me percaté de que las mujeres enérgicas de las que antes hice mención simbolizaban a una gran mujer, y me guiaban hacia ella . A los que se resisten a creer en las señales de Dios les digo: Créanme y las verán. Las verán y me creerán más. Les cuento ahora lo siguiente: Recientemente en casi toda Venezuela se fue la luz (simbolizando los tenebrosos días actuales en los que un mandamás nos quiere estrangular). En ese momento yo comía en un restaurante Chino en Upata. Un ocurrente dijo: "Estamos rodeados de represas y se vive yendo la luz en esta vaina". Pensé: "La cieguita del Metro tiene mucho que enseñarnos".
Pasados los días, antes de dormir abrí la Biblia "donde cayera". Leí en Lucas 21,28: "Cuando se presenten los primeros signos enderécense porque está cerca su liberación". Justo en la mañana siguiente leí en el periódico que Naomi Soazo, quien tiene una deficiencia visual, se había ganado en los juegos para-olímpicos una medalla de oro en judo. Ella nos regaló a todos los venezolanos, sin distinción, su triunfo y su afecto. Dios por medio de ella nos dijo: "Mira, Venezuela, vas a escribir tu historia con letras doradas a pesar de las tinieblas imperantes".