
La Historia la hacemos nosotros. Por: José Vilasuso
A Jurgens Habermas
Una de las declaraciones más cómicas de Fidel Castro en los últimos tiempos tuvo lugar en la cumbre de Isla Margarita donde propuso. "Cambien ustedes, nosotros cambiamos desde el cincuenta y nueve." Se refería a que América Latina debía de seguir su camino de servidumbre, dado que para él la libertad era problema propio de un pasado superado.
Sin contar que los cambios revolucionarios del cincuenta y nueve fracasaron. Ya en aquella época existían elementos de juicio serios y sobreabundantes para comprobarlo y si tan alto coste nos hemos visto forzados a pagar para alcanzar el convencimiento de unos y la confirmación por otros, ha sido otra prueba de la ligereza e ignorancia rampante en un cierto mundo, o mejor corrientes de opinión que piensan poco, no se ponen al día con sus lecturas, y carecen de buena memoria.
El sueño de Guevara me viene al plato, consistente en un carrito y diez mil pesos en el banco para cada cubano, era bonito y loable pero se sabía incosteable sujeto al modelo estatista. Lo que fallaba no era la idea sino el método para hacerla viable. Tanto Felipe Pazos como Joaquín Martínez Saénz ya habían analizado la nueva coyuntura de los años cincuenta con la asesoría de Julián Alienes, Claudio Escarpenter y otros economistas del Banco Nacional de Cuba en cuyas agendas se vislumbraban vías inéditas, modernas para un desarrollo sostenido del país, fundamentadas en el mercado libre y la formación de economistas, tecnólogos y otros profesionales al día. El revolucionario argentino carecía de antecedentes cientíificos que, por cierto estaban disponibles en las gavetas del Banco.
En la ruta y al grano, una cosa u otra hoy muchos estamos cambiando dada la imposición de los tiempos, la experiencia, investigación, y el progreso tecnológico. Factores del desarrollo más allá de la voluntad, habilidades, y recursos de los gobernantes y políticos en general casi nunca a la vanguardia del ritmo histórico. La mutación es el tema capital de la era postindustrial. No estamos en época de cambio; sino en cambio de época. La economía y el desarrollo del momento descansan en la marcha ininterrumpida de los descubrimientos, aplicabilidad de recursos y transformaciones de los mismos. Casi sin percatarnos nos vimos encajados en sus brazos dinámicos y tal parece que aun algunos gobernantes latinoamericanos no se han dado cuenta y siguen arrastrando su lastre de impedimentos, morosidades y rémoras propias de etapas en el olvido.
Nuestro tiempo ha traspasado esa era por la cual, paradójicamente, luchó Ernesto Guevara desde el Banco Nacional y el Ministerio de Industrias. Tal constituye esa parte oculta en la vida del discutido personaje que, ni Hollywood ni lHugo Chávez, Evo Morales, Rafael Correa, o El Foro de Sao Paulo han sido capaces de asimilar, y valerse del mismo. El Comandante hizo lo que pudo dados su total desconocimiento económico, prejuicios ancestrales, y el engrudo marxista en que se veía inserto. Además era médico y guerrillero experiencias integrales que lo alejaban de las mecánicas productivas en general. Repetía las directrices del Partido soterradas en la época Stalinista, y para las cuales una fábrica era el ábrete sésamo hacia el desarrollo integral y liberación de los pueblos. Creía que un gran tinglado industrial sería más provechoso en manos del gobierno que en manos privadas, trabajo le costaría convencerse de lo contrario y cuando lo vislumbró para él ya era tarde. Vio las verdades más el círculo de hierro en que estaba entrampado a la larga lo condujo a la muerte en Bolivia. Recuerdo un inmenso cuadro a la entrada del Ministerio de Industrias en el que figuraba una planta termoeléctrica posiblemente en sustitución del Corazón de Jesús. La figura de un enorme edificio construido con ladrillos y echando humo por las chimeneas era una especie de templo mitológico que convertía cualquier manufactura de gratis, y sin trabajar demasiado, en peces, panes y vino de mesa, buen vino por supuesto.
Hoy progreso y riqueza no residen en la industria. Esta sigue jugando un papel pero es sólo un factor de la producción, y por tanto sometido a los va y viene e imponderables del devenir. El transcurso del tiempo arrasa con viejos conceptos y avizora sus sustitutos, así como otros diferentes y nuevos. El complejo mecanicista no pasa de ese lugar en total dependencia. Es parte de una centrífuga inconmensurable generadora de potencias incalculables. La era postindustrial por consiguiente descansa en la llamada información, los conocimientos, y servicos múltiples propios de las economías avanzadas, que comenzaban a vislumbrarse desde los últimos años cincuenta, y cuyo único rasgo permanente es el cambio, cada día a paso más acelerado y concreto. Desde entonces Pazos, Alienes, Escarpenter o Martínez Sáenz veían las formas de modernizar el país y para ello trabajaban seria y eficientemente.
Así de manera suscinta y lógicamente expuestas se condensan reveladoras ideas contenidas en un libro representativo del momento. El Cambio del Poder, rubricado por Alvin Toffler, autor de El Shock del Futuro y La Tercera Ola. Sabe a paradoja admitir que no sólo las ideas de Lenin, Marx o Mao Zedong han quedado obsoletas sino que el propio John Maynard Keynes ha perdido su actualidad. Tan drásticos devienen los acontecimientos en la busca del bienestar colectivo que de repente nuestro foco evidencia similitudes entre ideologías radicalmente antagónicas que, a contrapelo, compartían visiones propias de un denominador común, su época. En nuestros días toda vuelta a los cincuenta equivale a un eclipse total. La vertiginosidad y monta de los acontecimientos transformativos proporcionan elementos sobrados de juicio para comprobar que no debimos embaucarnos con la era de las chimeneas. Nos detuvimos en la contemplación de unos ídolos de barro. Pero más no se podía exigir dado el desconocimiento imperante de factores hoy a la mano y cuyo rasgo más sobresaliente rebrotaba en su dinámica, y los imponderables a la vuelta de la noria. Si se parte de que el cerebro humano promedio funciona sólo entre un diez al quince por ciento de su capacidad total, hemos de concluir que todo está por hacer. Sócrates mantiene total actualidad. La mirada no debe quitarse del horizonte. Detenerse en toda contemplación equivale a detenernos en la historia, en el tiempo, cosa bastante tonta por cierto. La apertura sostenida es pues requisito inocultable para un sano y verdadero salto a la modernidad. Es la fórmula más segura para evitar costosos estancamientos como el sufrido por Cuba a partir de 1959, y que ahora abarca un potencial creciente de latinoamericanos estancados en experimentos similares.
Un informe sobre cualquiera de las empresas de mayor envergadura. IMB, Mitsubishi, Sony, Microsoft, o General Motors pongamos por caso, revela las cifras astronómicas hoy consagradas a la investigación, factor que unos lustros atrás, ocupaba un sitial subalterno. El croquis de cualquiera de los gigantes globales, presenta cubículos insospechados, insólitos para quienes aun permanezcan entumecidos en las descripciones económicas de la era del librecambio. Ahora en su lugar se destacan satélites, ojos magnéticos, robots, detectadores, celulares, computadoras y prodigios de la electrónica digital que inyectan un cariz totalmente impensado para quien retenga la imagen de aquel capitalismo secular y sus humos de todo color. El planificador moderno no se devana los sesos por la carencia de materia prima, aleaciones metálicas o combustibles, ahí insertamos metanol. Ya no es imprescindible escarbar por subterráneos y laberintos insondables a la busca de metales preciosos. Resulta más práctico examinar lo que tengamos a la mano y extraerles el jugo; maíz o caña de azúcar por no ir más lejos convertidos en combustible para que Brasil pase de dependiente a competidor ventajoso con Saudi Arabia. La creación de riqueza se cifra en el trabajo del diario vivir que, entraña estudios profusos en campos hasta ayer descartados. Singapur nos viene a la mente. Una excolonia británica, sin mayores recursos naturales ni extensión, en unos cuarenta años se ha convertido en una de las economías más prósperas y modernas del planeta, otro de los diez tigres asiáticos. Su secreto estriba en los servicios que han copado la producción y sus cuadros profesionales de primera competencia.
A ojos vista tiene mayor importancia contar con suficiente número de expertos en alta tecnología, que abundante mano de obra. Pero si aquéllos superan a éstos, estamos ante el génesis de un nuevo Japón. La República de Costa Rica más cercana a nosotros firmó un contrato con Microsoft, permitiéndole en breve plazo situarse a la cabeza del mundo hispano, sin necesidad de haber atravesado la etapa industrial. Un salto sin precedentes en Centroamérica. La República de Honduras hace unos años contemplaba la instalación de una planta generadora de energía Eólica, al costo de setenta millones de dólares, extraída de la atmósfera por medio de turbinas que asemejan los clásicos molinos holandeses o quijotescos. El producto rebaja los altos costes energéticos de manera sustancial permitiendo un desarrollo de servicios transformadores en una economía que dejó las bananas en cesta secundaria. Su nueva materia prima es algo tan irónicamnte insólito como el viento.
Hoy como nunca la columna vertebral de todo adelanto científico depende de lo que bautizamos por la información, y contrariamente a los espejismos de unos empresarios sombríos agazapados en oscuros conciliábulos acaparadores de capital. Las empresas motoras al día dependen de incalculables e insospechados informes actualizados continuamente en renuevo cuidadoso que pasan de manos estudiosas e investigativas a deliberaciones de ejecutivos que al final tienen la palabra. El capital ha dejado de constituir el nudo gordiano de la producción para convertirse en mero integrante del proceso. El dominio del hombre va convirtiendo el sistema productivo en laboratorio de experimentación que no se detendrá so capa de quedar estancado.
Todo lo anterior posee la capacidad ideológica y atractivo cultural imprescindible para convencer al cerebro pragmático de las inmensas posibilidades que la libertad le brinda, contando con la confianza en sus destinos y apertura mental al devenir siempre promisorio. Vale la pena entonces consagrar más tiempo, recursos y energías al trabajo de la mente - estudio - donde de veras reside el cambio de poder.
Disidente Universal. (Reproducción libre) .